
Hola amigos, el otro día presenté en Santos Ochoa, acompañado por mi amigo Teo Basterra, mi último libro «Yo, Templario», del que os dejo unas líneas,
«—Escondamos los cadáveres y avisa a Antioquía sobre el inminente ataque a Shaizar, y de la caída de Al-Fula.
—¿Eso era lo que querías decirme?
—Sí —dije con rotundidad—. No solo ha caído Al-Fula, sino que desde aquí hasta Hama ya no queda un solo sitio cristiano. Los ejércitos mamelucos de Baibars se pasean por toda la llanura con total libertad.
—Está bien, lo transmitiré.
—Pregunta también qué debemos hacer nosotros si cae Shaizar —pedí.
—¿A qué te refieres?
—A si debemos intentar quedarnos en Shaizar o desplazarnos a otro sitio. ¿Puedo quedarme el salvoconducto? —pregunté.
—No veo por qué no —respondió—, si puedes sacarle algún beneficio.
—Eso espero, pero no te olvides de preguntar lo que hemos acordado. No me gustaría quedarme aislado entre enemigos, sin conexión con los hermanos del Temple.
—Lo haré, y ahora hay que deshacernos de estos cuerpos.
Una rápida inspección visual nos mostró una carreta en el callejón.
—Carguemos los cuerpos en esa carreta —indiqué.
Tras cargar los cadáveres, los tapamos con paja de una casa cercana.
—Y ahora, ¿qué? —preguntó Mohamed.
—El río Orontes está muy cerca —indiqué—. Allí los arrojaremos —expliqué—. Observé cómo los dos mamelucos se hundían en el río, una confirmación silenciosa de que la guerra en Shaizar estaba a punto de comenzar.
Hasta la próxima.
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