
Hola amigos, ya que estoy estos días presentando mi libro «Yo, Templario», os voy a contar algo que a lo mejor ignoráis de los templarios.
Debían rezar todos los días treinta padres nuestros por los vivos y otros tantos por los muertos.
Dormían en celdas de dos en dos, pero siempre con una luz encendida.
La última regla decía así.
LXII. Que se eviten los besos de las mujeres. Creemos que es peligroso a todo religioso mirar detenidamente los rostros de las mujeres; por lo mismo, que ningún hermano ose besar ni a viuda ni a doncella, ni a su madre, ni a su hermana, ni a su tía, ni a mujer alguna. Huya por esto mismo de semejantes besos la Milicia de Cristo, por los que suelen frecuentemente peligrar los hombres, para que, con conciencia pura y perfecta vida, logre gozar perpetuamente de la vida del Señor.
Todo esto y mucho más podéis leerlo en «Yo, Templario»
Hasta la próxima.
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